lunes, 9 de febrero de 2015

EL VAGO

                                             


https://4.bp.blogspot.com/-SrrJfU2bHoI/WM-eQp3SAmI/AAAAAAAACwU/tzDbqawfwxsekK3Rd5yElbfsl-t6kTv2ACPcBGAYYCw/s1600/pmi2017.png


                                                                  EL VAGO

El vago vuelve tarde del trabajo. 
Pasó por un bar y se gastó los, pocos, pesos que tenía en una ginebra. 
En ese bar, todos saben que es un vago. Que agarra changas porque de todos los trabajos lo hechan por vagancia.
El vago llega sigiloso a la pensión donde habita, pues sabe que si lo escucha Doña Cata, le va a reclamar los tres meses de renta que le adeuda. 
El vago entra a su pieza y se tira sobre la cama sin hacer. Sobre el techo, las manchas de humedad van creciendo. Doña Cata le dijo que si las limpiara, se lo descontaría de lo que le debe, pero el vago prefiere acostarse sobre su lecho boca arriba y mirar como se esparcen y transforman las figuras sobre el cielo raso.
El vago tiene un vago recuerdo de su familia, a la que no llama desde hace tiempo. 
Se vino para la ciudad porque allá, en el pueblo, no había nada por hacer y siempre le dió verguenza de que lo llamaran vago. Y el vago tiene unas ganas enormes, terribles de llorar, pero no lo hace, de puro vago nomás.