lunes, 9 de febrero de 2015

EL VAGO

                                             


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                                                                  EL VAGO

El vago vuelve tarde del trabajo. 
Pasó por un bar y se gastó los, pocos, pesos que tenía en una ginebra. 
En ese bar, todos saben que es un vago. Que agarra changas porque de todos los trabajos lo hechan por vagancia.
El vago llega sigiloso a la pensión donde habita, pues sabe que si lo escucha Doña Cata, le va a reclamar los tres meses de renta que le adeuda. 
El vago entra a su pieza y se tira sobre la cama sin hacer. Sobre el techo, las manchas de humedad van creciendo. Doña Cata le dijo que si las limpiara, se lo descontaría de lo que le debe, pero el vago prefiere acostarse sobre su lecho boca arriba y mirar como se esparcen y transforman las figuras sobre el cielo raso.
El vago tiene un vago recuerdo de su familia, a la que no llama desde hace tiempo. 
Se vino para la ciudad porque allá, en el pueblo, no había nada por hacer y siempre le dió verguenza de que lo llamaran vago. Y el vago tiene unas ganas enormes, terribles de llorar, pero no lo hace, de puro vago nomás.

5 comentarios:

Adri Delfini dijo...

Y quizás un día deje de vaguear, me encantó tu prosa, abrazo

José Valle Valdés dijo...

Me resulta muy bien, amigo.

Arazo

Alejandro Marcelo Guarino dijo...

Muchas gracias Adri. Un abrazo enorme

Alejandro Marcelo Guarino dijo...

Me alegro mucho mi querido José. Un abrazo

Miguel Torija dijo...

Gracias por participar en La Primavera de Microrrelatos Indignados. REcuerda que en las bases de la convocatoria se pedía que para aparecer en La colina naranja se incluyera la imagen de la convocatoria. La puedes descargar aquí: https://3.bp.blogspot.com/-SrrJfU2bHoI/WM-eQp3SAmI/AAAAAAAACwQ/rac1Li1whtA8MsGctegLHt0ToJ3YBaZ5gCLcB/s1600/pmi2017.png